Silvestre

La primera consigna del taller en ETER fue elegir de imágenes preseleccionadas, alguna para escribir un texto. Este fue mi escrito para dicho taller.
En casa tenemos una remera vieja que usamos como trapo de piso y no logro recordar de dónde salió.
Todavía tiene manchas de lo que fue una ilustración en el pecho, pero ya está muy gastada y no se entiende el diseño.
Me pregunto quién decidió darle una segunda vida, seguro fue mi vieja, así como hizo un juego de repasadores con un toallón.
Desde que se jubiló se puso a tejer, yo la ayudo todos los domingos a vender sus artesanías en la calle Defensa junto a cualquier chirimbolo que juntamos por ahí.
Le iba a preguntar por la remera, pero se fue a comprar algo al mercado. Fui donde mi viejo, pero está durmiendo hasta tarde como todos los domingos.
Camino por la casa y trato de recordar el origen de la remera, cuando llego a la sala, justo en el mueble abajo de la tele sobre una carpeta blanca hecha en crochet, veo el álbum de fotos.
Mi viejo es un fanático de la fotografía, estoy seguro de que hay alguien usando esa remera.
Veo como diez fotos mías del bautismo, casi en todas llorando y en bolas, al menos ahora me puedo reír de la ropa de mis padrinos y el peinado de mi tía.
Hay una foto del mueble de la sala con el televisor de tubos, lo único que cambió es que hoy tenemos más carpetas por todas partes.
Salimos felices en todas las fotos, excepto por mi foto de graduación. Estoy con una cara tan seria que no se entiende, ni me acuerdo en qué pensaba.
Encontré una de mi vieja agarrando a mi tío Ignacio por la campera, la misma que me regaló para mi cumpleaños diecisiete.
Al doblar la siguiente página la encontré, los mismos colores, el diseño completo y la tela en su mejor momento, pero el ruido de la puerta que se abría y un grito de mi vieja me recordaron que hoy es domingo y tenemos que salir a vender las artesanías.

1 comentario